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De las peleas...

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Jamás podré entender de fondo las relaciones amorosas, no logro ser convencional y hace rato me di cuenta de ello, porque cuando me interesa alguien y ya vamos en el level de puedo reclamarte con confianza suceden ciertas cosas a las que no me acomodo, con la facilidad que lo haría la mayoría, por ejemplo, digo algo, es malinterpretado y surge la pelea... Bien. Hace rato comprendí que para muchos no es fácil disculparse, ya sea por lo complicado de dar el primer paso o por no dar el brazo a torcer, porque el primero que cede siempre será el débil del cuento. Además porque la vida y la academia me han enseñado que las personas le agarramos cierto sabor a la tragedia, al drama y por tanto gozamos de ellos en nuestra vida, más placentero aún, sentir y saber que se tiene la razón y además que el otro lo reconozca resulta un triunfo para el ego equiparable a un orgasmo para el cuerpo. Todos funcionamos así, yo funciono así, la mayor parte del tiempo, si dijera lo contrario estaría mintiendo...

De lo irritante...

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Dónde está la metáfora para el caos interno que me puebla... las horas, el espacio, el desatino de elementos, las palabras que resuenan vacías... y a pesar de todo, una luz: la belleza de la mente y la descarada anti-sutileza de sus cambios, dirigiendo mi mundo, saturando mis entrañas de vaivenes, ¡ desorden ! mi karma, detonante neurótico de mis más ínfimos deseos de soledad, sólo así me soporto, solo así me convenzo de que no soy parte del momento pero circundo al rededor de esta desatinada causalidad, ésta, mi cotidianidad enfermiza.