"Perderse también es camino"
Y bienvenido, 2026.
Justo ahora se me cruza el pensamiento de cómo he logrado durar tanto, jajaja. Yo siempre he dicho que no soy de las que tienen ideación suicida, ¡y no lo soy! Pero para mí la muerte siempre ha sido un pensamiento constante. La muerte como concepto, la muerte como abstracto, como hecho, como arquetipo; la muerte como liminaridad.
Cada parte de mí vive aferrada a lo terminal, a lo pasajero, a lo que solo habita en el recuerdo. Como Homero diciendo: “tengo memoria fotográfica”—aun distorsionado el evento, lo que fue también ES si hay alguien que así lo recuerda.
Entonces, un evento no es más que un trozo de ficción anclado a la anécdota, a subir una historia o tomar una foto, porque si no aparezco en el feed de alguien, ¿no existo?
La existencia se limita a la presencia virtual, ¿o era al revés? Esta especie de realidad, a veces distorsionada, tiene sentido mientras haya una mente que la sostenga.
Cada paso que doy va seguido del automatismo de un frame o de un subtexto profundo, o rebuscado, para un post futuro en Instagram. Porque la gente tiene que ver tu presencia, tu opinión, tu cerebro... o tus tetas (?). Cualquier cosa que diga: aquí estoy, sigo existiendo y no ando muerta desde el 19 de diciembre que dejé de ir a la oficina.
La vida me sigue pareciendo algo muy raro. Y aunque ya no lo nombro como ir en automático —solo porque mi 2025 fue muy interesante y me divertí mucho— sigo sintiendo esta constante ciclicidad que a veces me hunde en la rumiación más mía, muy de siempre, que me hace preguntarme una y mil veces: ¿yo qué carajos estoy haciendo y hacia dónde voy?
No tengo respuestas, sigo en el no-futuro.
Y no está mal.
Por primera vez, no está mal.
A veces lo cuestiono, pero ya no pesa tanto, tantote pues.
"Perderse también es camino"
"PERDERSE TAMBIÉN ES CAMINO"
Una sentencia que me es conocida, pero ajena al mismo tiempo, porque no soy fan, en la práctica, de abrazar incertidumbre alguna. Me muevo en el control con aristas, en el plan con plazos cortos, en la improvisación bajo presión con conocimientos previos. Soy mejor actriz cuando ensayo un tris la obra, aunque eso me lleve por caminos pseudoimprevistos.
Pero todo es pseudo-previsto en la cabeza de un ansioso; ese quincuagésimo escenario yo ya lo había pensado un domingo por la noche mientras preparaba la coca.
LA VIDA ES MUY RARA, NEA. Y caótica. Y las reglas operan y luego se caen sin justa causa.
Van tres meses desde que inicié este escrito y ha pasado de todo y nada al mismo tiempo, por eso sigo sin saber cómo acabarlo.
Quiero abrirme al vacile, vacile como sinónimo de vacilación, de perplejidad, de la no-certeza, pero parece que a mi concepción le faltó perrenque, porque ni la costeñicidad me logró imprimir de lleno.
Hoy no hay moraleja de esperanza, solo hay historias y el sinsentido constante—pero las risas no faltan.
Y solo porque ahora puedo decir que las risas no faltan es que siento esta resistencia casi instintiva a la incertidumbre desmoronándose poquito a poco. No es que no me guste, es que a veces me pierdo y no sé cómo habitarla. Yo construyo sistemas, endebles a veces, pero sistemas que me refugian, que me revelan un mínimo de anticipación que me haga sentir segura. Ese “tris” no es solo simbólico, es mi intento muy primario de domesticar lo incierto, de bordearlo, de volverlo manejable y, paradójicamente—porque es justo la queja de mi incoherencia—volverlo una versión editada.
Anyways, sigo trabajando. This shit's not easy. Quiero creer que no evito, solo negocio. Y en los negocios, pues a veces las cosas no son como lo esperas.
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