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Solo - Roger Wolfe

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Es como siempre habías querido estar y no podías hasta que de repente lo estás y entonces ya no quieres estar solo pero claro ¿quién no quiere lo que no tiene?.

Coreografía - Mía Gallegos

En fin que no he vivido nada. No sé qué cosa es una guerra y tengo como prisión al cuerpo y alma como campo de batalla. Me debato entre la duda de reflexionar o fluir; esto es situarse en el palco de los espectadores, o estar en cada íntimo instante del milagro. Vivo de pedacitos, pero aspiro a la totalidad, es decir a Mozart y al poema que me redima y me revele los espacios absolutos y la nada. Percibo de mí los sitios más secretos: la culpa, una tercera conciencia de las cosas, la dualidad del pensamiento, la ira pequeña por lo que ya ocurrió. Pero he vivido poco. Treinta años. Dos amores de piel y un querer abandonar esta espera que me señala la vida. Anhelo la anarquía, el más tierno desorden del amor, la cábala los relojes de arena y una habitación sencilla. Quiero tener un destino trazado de antemano, encontrarme con Dios y los abismos y no tener conciencia de la llama. Ser la llama misma y la aventura. Pero vengo de soledades últimas, de...

El hombre habla de sus vidas anteriores

Cuando yo era un pequeño pez, cuando sólo conocía las aguas del hermoso mar, y recordaba muy vagamente haber sido un árbol de alcanfor en las riberas del Caroní, yo era feliz. Después, cuando mi destino me hizo reaparecer encarnada en la lentitud de un leopardo, viví unos claros años de vigor y de júbilo, conocí los paisajes perfumados por la flor del abedul, y era feliz. Y todo el tiempo que fui cabalgadura de un guerrero en Etiopía, luego de haber sido el tierno bisabuelo de un albatros, y de venir de muy lejos diciendo adiós a mi envoltura de sierpe de cascabel, yo era feliz. Mas sólo cuando un día desperté gimoteando bajo la piel de un niño, comencé a recordar con dolor los perdidos paisajes, lloraba por algunos perfumes de mi selva, y por el humo de las maderas balsámicas del Indostán. Y bajo la piel de humano ya llevo tanto sufrido, y tanto y tanto, que sólo espero pasar, y disolverme de nuevo, para reaparecer como un pequeño pez, como un árbol en las ...

De Jaramillo Agudelo para mi éxtasis personal

Algún día te escribiré un poema  que no mencione el aire ni la noche; un poema que omita los nombres de las flores,  que no tenga jazmines o magnolias. Algún día te escribiré un poema sin pájaros ni fuentes,  un poema que eluda el mar y que no mire a las estrellas. Algún día te escribiré un poema  que se limite a pasar los dedos por tu piel  y que convierta en palabras tu mirada. Sin comparaciones, sin metáforas,  algún día escribiré un poema que huela a ti,  un poema con el ritmo de tus pulsaciones,  con la intensidad estrujada de tu abrazo. Algún día te escribiré un poema, el canto de mi dicha. Dario Jaramillo Agudelo.