Y bienvenido, 2026. Justo ahora se me cruza el pensamiento de cómo he logrado durar tanto, jajaja. Yo siempre he dicho que no soy de las que tienen ideación suicida, ¡y no lo soy! Pero para mí la muerte siempre ha sido un pensamiento constante. La muerte como concepto, la muerte como abstracto, como hecho, como arquetipo; la muerte como liminaridad. Cada parte de mí vive aferrada a lo terminal, a lo pasajero, a lo que solo habita en el recuerdo. Como Homero diciendo: “tengo memoria fotográfica”—aun distorsionado el evento, lo que fue también ES si hay alguien que así lo recuerda. Entonces, un evento no es más que un trozo de ficción anclado a la anécdota, a subir una historia o tomar una foto, porque si no aparezco en el feed de alguien, ¿no existo? La existencia se limita a la presencia virtual, ¿o era al revés? Esta especie de realidad, a veces distorsionada, tiene sentido mientras haya una mente que la sostenga. Cada paso que doy va seguido del automatismo de un frame o de un s...
"Estoy segura de que en la cuna mi primer deseo fue el de pertenecer. Por motivos que ahora no importan, debía de estar siendo que no pertenecía a nada ni a nadie. Nací por nacer. Ya en la cuna sentí esta hambre humana y ha seguido acompañándome toda la vida, como si fuese un destino. Hasta el punto de que mi corazón se contrae de envidia y de deseo cuando veo a una monja: ella pertenece a Dios. Precisamente porque es tan fuerte en mí el hambre de entregarme a algo o a alguien me volví bastante arisca: tengo miedo de revelar cuánto lo necesito y lo pobre que soy. Sí, lo soy, muy pobre. Solo tengo un cuerpo y un alma. Y necesito más que eso. Quién sabe si empecé a escribir tan pronto porque, al escribir, por lo menos me pertenecía un poco a mí misma, aunque eso sea solo un triste facsímil. Con el tiempo, sobre todo en los últimos años, he perdido la capacidad de ser persona. Ya no sé cómo se hace. Y una forma nueva de la "soledad de no pertenecer" ha empezado a invadi...
No pensé sentarme a escribir acerca de la forma como ahora entiendo las cosas, nunca pensé tampoco llegar a cuestionarme tanto, creencias tan arraigadas en mí, mi modus operandi ahora mutando drásticamente, a pesar de que antes creía en esas cosas inmutables en la esencia de las personas; aquello que me guiaba a manejarme frente al mundo, el universo, ese karma cósmico que siempre me devolverá lo que he entregado. Me asusta, no podría negarlo, porque sé que he hecho cosas que no han sido muy buenas, que en ocasiones he faltado a mi palabra y no he sido consecuente con lo que pido del mundo y de los otros... pero vamos, sabemos bien que la vida es inestable y lo único que tengo claro es que quiero asumir siempre la responsabilidad de mi existencia. Entonces, siento que veo con tal claridad que puede parecer confusa por momentos, me gusta esta experiencia, esta sensación de sentirme tranquila y sin desórdenes aparentes y este reto tan gigante que me ha puesto el destino ¡tanto destin...
Comentarios
Publicar un comentario
Viento en el árbol